jueves, 24 de marzo de 2011

que el rencor no intercepte el perdón, Francisco Urondo

Estoy con pocos amigos y los que hay
suelen estar lejos y me ha quedado
un regusto que tengo al alcance de la mano
como un arma de fuego. La usaré para nobles
empresas: derrotar al enemigo– salud
y suerte–, hablar humildemente
de estas posibilidades amenazantes.
Espero que el rencor no intercepte
el perdón, el aire
lejano de los afectos que preciso: que el rigor
no se convierta en el vidrio de los muertos; tengo
curiosidad por saber qué cosas dirán de mí; después
de mi muerte; cuáles serán tus versiones del amor, de estas
afinidades tan desencontradas,
porque mis amigos suelen ser como las señales
de mi vida, una suerte trágica, dándome
todo lo que no está. Prematuramente, con un pie
en cada labio de esta grieta que se abre
a los pies de mi gloria: saludo a todos, me tapo
la nariz y me dejo tragar por el abismo.

"No me puedo quejar", en Poemas Póstumos (1970-1972)

4 comentarios:

  1. conociéndo lo que sucedió, este escrito es devastador. Lo comparto.

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  2. sí, y también una señal para la vida. Gracias, Arlane

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  3. Un poema que nos hace estremecer con el enorme talento de un militante de la utopía como Paco Urondo. David A. Sorbille

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  4. Coincido con ambas opiniones y también comparto estos versos de Paco Urondo que siempre me conmovieron: “apenas me siento una memoria de paso./ Mi confianza se apoya en el profundo desprecio / por este mundo desgraciado. /Le daré
    la vida para que nada siga como está”.
    Un gran saludo. David A. Sorbille

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